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sábado, 11 de abril de 2020

Capítulo 1.- Noticias del viejo mundo

Buenos Ayres a vuelo de pájaro. Litoghrafía anterior a 1865.

El lunes 2 de julio de 1860, desde la madrugada, la ciudad fue asediada de forma lenta pero constante, por un ejercito que se presentaba casi como inmaterial: agrupándose primero una vaporosa infantería de claras nubes y acudiendo hacia el mediodía, a una altitud mucho mayor, como apoyo una caballería de densas torres de vapor, altas, oscuras, de un gris plomizo, que atenuaron rápidamente el disco solar, reduciendo a una tenue luminiscencia espectral el ya de por si pálido sol invernal. Se anunciaba una feroz tormenta. Como si ésta fuera el presagio de una inminente calamidad que, viniendo desde el mar, penetraría bárbaramente el ancho e indefenso río y asolaría la ciudad que tantas invasiones había sufrido, resistido y repelido. Fue recién en horas de la noche cuando, gotas como pequeñas balas de mortero se precipitaron sobre los techos, calles, animales y personas, como comprobando la resistencia de la ciudad. Casi de inmediato empezó a caer mas agua, en forma abundante, descargando, al fin la furia acumulada durante el día. La lluvia azotó la ciudad y sus alrededores, festoneada por portentosas ráfagas de viento. Los rayos, relámpagos y truenos amedrentaban por igual tanto a los animales como a los hombres, trayendo el recuerdo en algunos, los mas ancianos, de los cañones y morteros que desde el río, antaño, martillaron la ciudad como si esta hubiera sido, inadvertidamente, fundada sobre el yunque de un herrero colosal. Desde la hora de la siesta, las arterias de Buenos Aires se fueron anegando, transformándose en verdaderos ríos tras unas pocas horas de lluvia casi continua. Durante las primeras horas de la mañana del día siguiente, el temporal fue menguando, y poco después de las doce, al fin se extinguió. El agua, que había domeñado las estrechas calles, comenzó a escurrirse aminorando su caudal hasta que fueron nuevamente accesibles cuando ya la noche se había enseñoreado de la ciudad, aunque traicioneras para el descuidado, o el desprevenido, que transitara a la pálida luz de los faroles alimentados con aceite de yegua. Fray Pedro, absorto como estaba en la lectura, se sobresaltó. Alguien con persistencia aporreaba una ventana... o una puerta. Después de la inquietud inicial reparó en que estaban llamando a la puerta de calle. Desasosegadamente recordó que Mimilo, su ayudante, estaba cumpliendo un encargo fuera de la casa, por lo que él mismo debía acudir al llamado. Abrir la puerta sería un trabajo fatigoso, porque como ya era sabido la gran cantidad de agua caída habría hinchado la madera. Por lo que Fray Pedro abrió la mirilla de bronce y vio a un hombre, vestido con un raído uniforme de la marina mercante, con lo que parecía ser un paquete, de respetables dimensiones en sus manos envuelto en lo que parecía papel encerado y atado firmemente con bramante. Al preguntarle que deseaba, aquel le respondió que traía “esto”, levantado levemente el paquete, para el señor cura don Pedro y que debía entregar la bala a fray Pedro en sus propias manos. El frágil anciano, no sin un gran esfuerzo, tratando de levantar la puerta que rozaba el suelo, tiró de ella, resbalando sobre el piso empedrado, hasta que lentamente y con un chirrido muy desagradable, giró sobre sus goznes de hierro. Cuando finalmente logró abrirla lo suficiente se identificó e invitó al marinero a entrar, y señalando una robusta mesa dijo:– Puede apoyar el paquete allí mismo — el mensajero dejó la encomienda donde se le indicó. Y haciendo una torpe reverencia se dispuso a salir. El fraile le dijo:— Joven, ¿no quiere tomar algo caliente?, me disponía a cenar... si gusta acompañarme.— No padre — contestó quitándose la gorra y agregó –— Mi capitán me ordenó que trajera ese bulto y que regrese de inmediato. — Fray Pedro extrajo de un bolsillo unas pocas moneda y se las tendió diciendo:— Entonces, joven amigo, cuando tenga mas tiempo, tómese un vaso de vino, yo invito. — el marinero extendió la mano y tímidamente tomó las monedas, y agradeciendo mientras sonreía, salió a la calle, donde la borrasca lo acunó entre sus brazos, como una novia celosa que requiere inmediata atención después de haber perdido de vista a su amado durante unos instantes. El marino se encasquetó la gorra hasta las cejas y avanzó con dirección al bajo. Podía percibir, mas como el contorno de sombras y claroscuros que ver realmente gran parte de la ensenada, donde los barcos fondeados en ella ya habían encendido sus fanales, replicando a medias el esplendor del cielo estrellado que empezaba a insinuarse tras un resto de tímidas nubes que se dispersaban cansinamente. Una cierta desazón lo embargó, al llegar al bote amarrado, aún le restaría remar hasta el buque. Apretó el paso y el tintineo de las monedas en su bolsillo lo animó, y sonriendo para si mismo se dijo: “Ni bien pueda, verberé a su salud padrecito”.Cuando fray Pedro se quedó solo, desató anhelante los cordajes que constreñían el contenido del paquete. Por la letra angulosa, acerada, que llenaba la etiqueta pegada al papel encerado ya antes de comprobar su contenido sabía que el envío era de su amigo Rafael Cunqueiro. Dentro, encontró una nueva edición encuadernada de La Biblia en la celebérrima traducción de Casiodoro de Reina, con la revisión de Cipriano de Valera, que en una maravilla de buen gusto reproducía la edición revisada de 1602, conocida popularmente como la Biblia del Cántaro, traducida al castellano y profusamente comentada. Había también dos cartas. La primera que tomó desgranaba en un lenguaje escueto y con estilo directo, las noticias del mundo de la ciencia europea, las portentis, las maravillas del mundo académico. Cerrado con saludos para Juan y Goyo. Y una segunda carta, que tras leerla, dejó desconcertado a su receptor. Aquella sobreabundaba en detalles fútiles respecto de la nobleza Europea, se regodeaba en el cotilleo y anécdotas: escandalosas, tristes o graciosas. Además, lo que mas llamó la atención de fray Pedro, mas allá de que el contenido no era propio de esa inquieta y disciplinada mente era que, para el parco estilo de su amigo, era extremadamente larga, repetitiva y su redacción algo confusa. Pero, sin embargo reconocía la angulosa letra de don Rafael. Si éste se había tomado el trabajo de escribir e incluir esa segunda carta en la encomienda era porque, seguramente, entre las frívolas historias se escondía otro mensaje, un mensaje secreto que hoy estaba fuera de su alcance. Conocía a su mentor, en algún momento futuro, una pauta le sería revelada y ésta haría que todo tomara un sentido práctico y vital.


Ilustración de portada Biblia del cántaro


Glosario







bizcachera
Cueva de bizcacha. Tipo de roedor de las pampas.
Conttesa
Titulo nobiliario, en Italiano: condesa
Colt Army 1860
Revolver de simple acción fabricado desde 1860 en EEUU por Colt
















Fuego feniano
Compuesto de fósforo 4 en solución de sulfuro de carbono




legua
Equivale a 5.573 km o la distancia que un hombre cubríaen una hora.
Libra
Equivale a 0,4536kilogramos


Morsus Remedium Taipan
Antídoto para el veneno de la serpiente Taipan del interior.
Ostium Taipan of the interior
Veneno Taipan del interior
Pie
Equivale a 30,48 cm
Caballo zaino picaso
Pelo castaño oscuro en el lomo, algo más claro en las verijas y en el hocico, y negro en la cara, crines, cola y remos. Pelaje de invierno se oscurece a negro suave. Con una mancha blanca en el morro.


Taipan del interior
Serpiente oriunda de Australia. Habita en zona no costeras.


Caballo tordillo negro
Mezcla de pelos blancos y negros, será tordillo blanco según prevalezcan los blancos o tordillo negro si prevalecen los negros.








shamshir
Tipo de sable. En persa y significa: "curva como la garra del león"
seppuku
Suicidio ritual Japonés
Stirling
Motor desarrollado por Stirling. Mas eficiente que el a vapor.
Tenebris Crisalydes
Crisálidas Oscuras, en Latín
Vara
Vara Castellana de Buenos Aires. Equivale a 0,866 Cm.
wagonette
Tipo de carruaje de 4 ruedas, abierto y con toldilla.


Zulu pipa
Base de hornillo redondeada, mas bien pequeña cuya boquilla tiene una suave curva.